Reflexión 7

La vida que ocurre mientras esperamos

Una parte considerable de la vida transcurre esperando. Esperamos una respuesta, una fecha, una decisión, el comienzo de algo que deseamos o el final de una situación que se ha prolongado demasiado. Mientras tanto, los días continúan avanzando con una normalidad que puede resultar difícil de percibir cuando la atención permanece puesta en aquello que todavía no sucede.

Hay esperas pequeñas. Un mensaje que no llega, alguien que se retrasa, una llamada pendiente o unos minutos frente a una puerta cerrada. Otras ocupan períodos mucho más largos: esperar una oportunidad, terminar una etapa, resolver una incertidumbre o alcanzar una condición que imaginamos capaz de modificar nuestra vida.

En esos períodos aparece con facilidad la sensación de estar entre dos momentos. Algo ya ocurrió, pero lo siguiente todavía no comienza. El presente adquiere entonces una condición provisional, como si su función consistiera únicamente en conducirnos hacia aquello que esperamos.

Seguimos haciendo las cosas habituales. Trabajamos, conversamos, compramos alimentos, ordenamos una habitación, respondemos mensajes y atravesamos las pequeñas obligaciones del día. Una parte de la atención permanece orientada hacia otro lugar.

«Cuando esto se resuelva.»

«Cuando llegue la respuesta.»

«Cuando termine esta etapa.»

«Cuando finalmente ocurra.»

El futuro comienza a ocupar un espacio que todavía no le pertenece.

No siempre podemos evitarlo. Hay situaciones cuya resolución importa profundamente y períodos en los que la incertidumbre modifica realmente la manera de atravesar los días. Esperar también forma parte de vivir.

Lo que resulta menos evidente es cuánto puede suceder durante ese intervalo.

Mientras esperamos una respuesta importante, alguien nos cuenta algo que le ocurrió. Mientras deseamos que llegue una fecha, cambia la luz de una estación. Mientras imaginamos cómo será la vida después de cierta decisión, compartimos una comida, escuchamos una canción, caminamos por una calle conocida o descubrimos que una preocupación que parecía enorme comienza a perder intensidad.

Nada de eso detiene la espera.

Pero tampoco es un tiempo vacío.

A veces solo comprendemos esto cuando aquello que esperábamos finalmente sucede. Llega la respuesta, termina el período incierto o comienza la etapa que durante meses imaginamos. Miramos hacia atrás y descubrimos que ese intervalo que parecía simplemente una antesala también estaba lleno de días.

Días que no volverán.

Entonces puede hacerse visible algo sencillo: la vida nunca estuvo suspendida.

Continuaba ocurriendo mientras mirábamos hacia adelante.

Esperar no significa necesariamente dejar de vivir, aunque en ocasiones podamos sentirlo de ese modo. El tiempo que separa una situación de otra no es un espacio en blanco entre dos acontecimientos importantes. También pertenece a nuestra historia, aunque no sepamos todavía qué lugar tendrá en ella.

Por eso algunas esperas cambian cuando dejamos de preguntar únicamente cuándo terminarán y comenzamos a observar qué está ocurriendo mientras duran.

Porque aquello que esperamos puede llegar o no hacerlo.

Mientras tanto, el día ya está aquí.

← Volver a Reflexiones
← Ir a Biblioteca Ahel